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FRIO
DAVID FERNÁNDEZ

Haberte esperado en la calle a grado y medio me endureció. No fue el primer día; tampoco el segundo. Viví así varios inviernos, con la escarcha en la cima de las orejas y los pies helados. Al final llegabas. Quince, veinte, hasta treinta minutos tarde apareciste un día. El primer mes se te habían agotado las disculpas, y repetías, y repetías.
Los peores eran los lunes. Los fines de semana te dejaban fatal, como a la otra. Hubo alguno que busqué una cabina para llamarte porque te imaginaba en la cama. Y así era. Caliente y dormido.
Empecé a fumar gracias a ti. Fumando espero, que también decía aquella. Calada a calada iban llegando la primavera y el verano. Con ellos desaparecían las nieves perpetuas de mis cimas y las esperas se hacía más cortas.
También comencé a leer gracias a ti. Nada más que llegaba el buen tiempo, la espera se hacía distinta. Y es que ya no estaba sola. Nunca más lo estuve.
Todos aquellos personajes más reales que tú, me acompañaban en las esperas. Todavía hoy lo hacen.
Y es que sigo esperando. No a ti, pero sí a alguien. Supongo. Tal vez tantos años de costumbre me dejaran necesidad de esperar. Llego pronto a las citas para esperar en paz. En mi trabajo siempre la primera, buscando esa soledad del edificio que se perderá en minutos. Nunca pensé tan claro como cuando te esperaba a ti.
Recuerdo el día que no apareciste. Ése no fue como los demás, no fue un retraso. Fue una huída. Te llamé pero nadie contestó. Regresé a casa caminando después de horas.
Cuando llegué mamá dijo que lo esperaba desde hacía mucho tiempo. Que primero la abandonaste a ella y ahora me dejabas a mí. Que esa era tu forma de actuar.
También te llamó cobarde y egoísta. Al final me dijo que algún día volverías. Que aparecerías en mi vida como si nunca te hubieras ido. Aquel día la creí, pero nunca volviste.
Ahora, tantos años después lo agradezco. A veces pienso que hubiera hecho de haberte tropezado en la calle. Lo imagino. Lo sueño. Tu reflejo en un escaparate que yo miro. Tu cara igual que mi recuerdo. Sólo yo nos reconozco. Mucho mejor. Continúas caminando y evito tener que hablarte. Y decirte por ejemplo que mantengo los dos vicios. El perseguido desde siempre y el que persiguen desde ayer. Y que los dos te los debo a ti.
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EL FORO © 2006
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