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SIN MAS PALABRAS ...
(ULTIMA PARTE)
7- Me duele el cuerpo
Me encuentro de nuevo a solas, acostada sobre mi cama,
como tantas otras veces,
jugueteando con el recuerdo de tus manos sobre mi piel.
Pero hoy me sobra cama para no tenerte.
Me sobran tus caricias.
Me sobra el cuerpo entero.
Cada trocito de mi piel está calcinado por el horror de tu olvido.
Mis propias manos, tan habilidosas en su soledad,
sufren la amnesia más absoluta.
No recuerdan el sendero.
Me incorporo lentamente para contemplar
este vacío de mi cuerpo desnudo
y el espejo me devuelve la visión de un espectro.
No soporto este silencio de mi memoria.
Quiero gritar pero los sonidos caen en el abismo de mis entrañas.
No tengo voz; mi boca está sellada.
Mi lengua es un desierto de arena.
¡Cómo me duele el cuerpo de vivir en mí!
8- Pensarme
Yo soy,
el verbo que no sabes conjugar,
el adjetivo que no calificas.
La frase que no viene a cuento.
La excepción
que no confirma regla alguna.
La duda que no corresponde
a ninguna de tus preguntas.
El espacio vacío
entre un latido y otro
de la taquicardia de la rutina.
La música sin acordes,
los versos sin musa.
El rezo de tu atea religión.
Un pájaro atrapado
en una jaula de puerta abierta.
La curiosidad que mató al gato,
a fuerza de tanta contradicción.
El cambio a una moneda
de curso ilegal.
La piadosa verdad
que cubre una cruel mentira.
La falta de pituitaria
de tus ojos:
un blues descafeinado.
El todo con que rellenas
la nada.
Yo soy tu... nada.
Quizás ni eso.
9- Para dejar de soñarte
Para dejar de soñarte
sólo tengo que emprender el sendero
que recorre
la huída de tus pupilas.
Por eso estoy aquí,
sentada a la orilla del destierro,
en la encrucijada del olvido perpetuo.
No sé si volveré a cerrar los ojos
cuando alguien me bese.
Ni tan siquiera
si volveré a dejar
que brisa alguna
roce mis labios.
Sólo sé que nunca más
volveré a soñar
el cielo tormentoso
de tus ojos
reflejados en el siena
de los míos.
Estoy despierta.
Ahora
emprendo el sendero del olvido perpetuo.
10- Renuncio a ti
Renuncio a ti,
y a mí,
y un poco al resto del mundo.
Pero no me importa
ni me asusta,
porque amé.
Me aliviará
del vértigo
de no haber sido amada.
Renuncio a ti
y a mí,
y un poco a la ilusión.
A tu música,
la de tus oídos
la de tu cuerpo
y el mío
que danzaba la letra;
se acabó la poesía.
Renuncio a ti,
y a mí,
y un poco a la esperanza.
A los recuerdos.
No, no serás olvido,
no volveré la vista atrás.
Renuncio a ti,
y a mí,
y un poco a la razón.
Pero no me importa
ni me alarma,
porque amé.
Mitigará
el frío,
de esta postrera soledad.
Renuncio a ti,
Amor,
y a mí,
y así,
un poco más a la vida entera.
11- Todo ha transcurrido ya
Todo ha transcurrido ya.
Todo está lejano.
Retrasar este fin
no me aportará más luz.
Sólo necesito tiempo
para hacer más completa
la experiencia,
para, quizás,
comprenderla mejor.
…
para aceptar su solución,
...su fin.
He de retirarme;
estar ausente,
desapegada,
para obtener
un veredicto final.
No quiero dramas,
ni remordimientos;
no quiero hablar,
sólo serenidad de juicio.
Quiero silencio.
Quiero recogimiento,
meditar,
instruirme en la
quietud y la prudencia.
Quiero paz.
12- La única palabra
Sin más
templadas, exasperadas,
pródigas, mezquinas,
prolijas, lacónicas,
palabras;
Sin más
altisonantes, simples,
convincentes, rebatibles,
loables, despreciables,
palabras;
Sin más
prohibidas, consentidas,
desdichadas, jubilosas,
tejidas, deshechas,
palabras;
Sin más
temporales, inmortales
audibles, invisibles,
frágiles, resistentes,
palabras;
Sin más
íntimas, frívolas,
fugitivas, afrontadas,
rastreadas, desinteresadas,
palabras;
Adiós.
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Pilar Castañón © 2007
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